La Santidad: Una intimidad incorrompible

Moisés subió aproximadamente ocho veces al monte Sinaí para hablar con Dios:

La primera (Éxodo 19:3-6)

La segunda (Éxodo 19:8-13)

La tercera (Éxodo 19:20-25)

La cuarta (Éxodo 20:21 a 24:2)

La quinta (Éxodo 24:9-11)

La sexta (Éxodo 24:12-18 a 32:15)

La séptima (Éxodo 32:30-34)

La octava (Éxodo 34:1-29)

Este monte se conoce como monte Horeb o Jebel Musa en árabe, que es monte de Moisés.

Moisés, cada vez que iba a hablar con Dios, subía al monte Sinaí y, en varias oportunidades, hasta la cumbre; eso era aproximadamente entre 4 y 5.5 kilómetros de distancia en subida, dependiendo del camino, porque había dos para subir, y era a una altura de unos 2285 m s. n. m., y Éxodo 7:7 dice que Moisés tenía unos 80 años.

La intimidad con Dios le costaba un esfuerzo muy grande a este hombre; un esfuerzo para encontrarse con Dios, un esfuerzo para hablar con Dios. Un esfuerzo que él estaba dispuesto a pagar. ¿Estamos nosotros dispuestos a pagar el precio para estar con Dios?

1 Pedro 1 (RVA 2015)

13 Por eso, con la mente preparada para actuar y siendo sobrios, pongan su esperanza completamente en la gracia que les es traída en la revelación de Jesucristo. 14 Como hijos obedientes, no se conformen a las pasiones que antes tenían estando en su ignorancia. 15 Antes bien, así como aquel que los ha llamado es santo, también sean santos ustedes en todo aspecto de su manera de vivir, 16 porque escrito está: «Sean santos porque yo soy santo».

Debemos ser santos en toda nuestra manera de vivir.

¿Qué es santo? Esta palabra creo que debemos aclararla en nuestras mentes en cuanto a su uso de forma diferente para Dios y para nosotros o las cosas.

El Diccionario Bíblico Ilustrado y R. C. Sproul están de acuerdo al mencionar que:

Cuando la Biblia llama a Dios santo, significa que Él es trascendentalmente separado. Está tan por encima y más allá de nosotros. Es santo en sí mismo; no es solo santo como un atributo de Él, sino que es sinónimo de su deidad, es todo lo que Él es.

R. C. Sproul sostiene que la palabra trascendencia significa «ascender a través», «exceder los límites usuales». Trascender es elevarse sobre algo, ir por encima y más allá de cierto límite.

Cuando se habla de la trascendencia de Dios, es acerca del sentido en el cual Dios está por encima y más allá de nosotros. La trascendencia describe su suprema y absoluta grandeza.

Cuando en la Biblia algo se eleva a un tercer grado es para elevarlo a un énfasis de súper importancia. Por ejemplo: «¡Ay, ay, ay de los que moran en la tierra!» (Apocalipsis 8:13).

«¡Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este!» (Jeremías 7:4).

En la Biblia solo una vez un atributo de Dios se eleva al tercer grado. Solo una vez encontramos una característica de Dios mencionada tres veces en sucesión; la Biblia dice que Dios es santo, santo, santo. La Biblia nunca dice que Dios es amor, amor, amor; o misericordia, misericordia, misericordia; o ira, ira, ira; o justicia, justicia, justicia. Dice que Él es: «¡Santo, santo, santo es el SEÑOR de los Ejércitos! ¡Toda la tierra está llena de su gloria!». 4 Los umbrales de las puertas se estremecieron con la voz del que proclamaba, y el templo se llenó de humo.

Isaías 6; hasta lo inanimado cobra vida y se estremece con la mención de su santidad.

Veamos esto:

Tierra santa 2. Sábado santo 3. Templo santo 4. Vestimenta santa 5. Casa santa

Inciensos santos 8. Nación santa 12. Agua santa 13. Arca santa

Ciudad santa 19. Palabra santa 20. Seres santos 21. Lugar santísimo

Estas cosas no son santas en sí mismas. Para llegar a ser santas, tuvieron que ser consagradas o santificadas por Dios. Solo Dios es santo en sí mismo y solo Él puede santificar algo más. Solo Dios con su toque puede hacer que lo común se convierta en algo especial, diferente y separado para Él.

Pedro les dice a nuestros hermanos que estaban siendo perseguidos —seguro estaba iniciando esa persecución de Nerón contra nuestros hermanos en Roma— y él les dice: «Sean santos ustedes en todo aspecto de su manera de vivir».

Pudiera alguien haber expresado: «¿Pedro, es que tú no ves lo que está pasando? Te voy a explicar:

1 Somos víctimas de ciertas calumnias:

Están diciendo que somos caníbales porque la Santa Cena es un ritual secreto, donde solo participamos los de la fe en Cristo, y están diciendo que comemos la carne de alguno y bebemos su sangre.

Y esa murmuración avanza cada vez más hasta convertirse en la historia de que los cristianos matamos y nos comemos a un gentil, o a un niño recién nacido en la Santa Cena.

Están diciendo que como nos damos un beso santo en nuestros saludos, nuestras reuniones son orgías llenas de vicios.

2 Nos acusan de división o descomposición familiar, porque alguno, al convertirse a Cristo, generaba división familiar.

3 Nos acusan del incendio de Roma.

Pedro, vamos a ser acusados de summum supplicium (el suplicio máximo). ¿Tú sabes lo que eso significa?:

1. Seremos arrojados a las fieras: nos cubrirán con pieles de animales salvajes para que los perros entrenados o grandes felinos nos despedacen y devoren vivos ante el público.

2. Seremos llevados a la hoguera: nos atarán a postes llenos de brea y se nos prenderá fuego vivos al caer la tarde.

3. Nos pueden crucificar: seremos azotados brutalmente y obligados a cargar el travesaño de madera (patibulum) hasta el lugar de la ejecución. Allí seremos clavados hasta morir por asfixia, deshidratación y exposición a la intemperie durante días.

¿Estás viendo, Pedro? ¿Y me dices que quieres que sea santo en toda mi manera de vivir en medio de todo esto? Estamos sufriendo, es muy difícil».

La respuesta de Dios por medio de Pedro es clara y sencilla de comprender en griego, en inglés o en español, y es: «SEAN SANTOS». No necesita una interpretación exhaustiva ni el manejo complejo de la lengua: «Debemos ser santos porque yo soy santo».

Un santo camina por el caos y crea orden. Con la presión y el estrés, si no estamos en intimidad con Dios, nos vamos a transformar, y eso se nota en alguien que no tiene control de sí mismo (se ha corrompido). Porque Dios nos ha dado dominio propio no para actuar como queremos, sino para ser santos.

La santidad provoca odio de otros hacia nosotros. Mientras más grande es la santidad, más grande es la hostilidad humana hacia ella. Ningún hombre fue tan santo como Jesús; modeló una vida ejemplar, hizo milagros, enseñó y cambió vidas, ¿y qué hicieron con Jesús?


Referencias Bibliográficas

MacDonald, W. (2004). Comentario bíblico de William MacDonald: Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Editorial Clie.

MacArthur, J. (Ed.). (2011). Biblia de estudio MacArthur (Versión Reina-Valera 1960). Editorial Portavoz.

Lockward, A. (1999). Diccionario bíblico ilustrado Nelson. Editorial Caribe.

Sproul, R. C. (1998). La santidad de Dios. Editorial Unilit.

 



 

Alfonso Olavarria
Alfonso Olavarria (@alfonsoand)

Alfonso Olavarría (@alfonsoand). Fundador y maestro de Florilegio de la Fe. Es pastor de "El Centro Cristiano de Maracay". Es ingeniero de sistemas y estudió interpretación bíblica en "Desarrollo Cristiano Bíblico". Está casado con Mariangel, tiene una hija y ama estudiar la Biblia.